© 2018 by Fátima Prieto. 

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5 días por el Bajío

Actualizado: 30 de oct de 2018

5 días que parecieron más de diez



Tequis sus buganvilias y coloridas casas, Peña de Bernal sus esquites y micheladas.






Así resumo la primera parte del día uno del viaje y del mes



La segunda parte fue llegar al hotel, nos hospedamos en el hotel Criol y no lo podría recomendar más, nos sorprendió cada rincón, su aprovechamiento de espacios, de luz y sobre todo la atención, realmente me volvería a quedar ahí mil veces más. Salimos del hotel a callejonear y terminamos en un bar, cenamos unas hamburguesas acompañadas por cerveza artesanal, quisimos seguir a la noche y nos fuimos al Alquimia Bar, pero ni el alquimista logró alargar nuestra noche.






Nos despertamos con las campanadas de la iglesia más cercana y nuestro día empezó desayunando en el hotel, para después recorrer galerías y museos de arte que encontrábamos dando vueltas por las calles. Uno de los imperdibles es Museo de los Conspiradores, alberga varias exposiciones, pero el lugar y su arquitectura son simplemente increíbles.


Antes de salir para Guanajuato y una vez subidos en el coche, visitamos otro de los imperdibles en Querétaro, el acueducto.


Una vez en Guanajuato me enmudecieron sus calles, la mitad de ellas son ¡túneles!, debajo del suelo encuentras cruces de coches, semáforos y hasta gente caminando. Desde el segundo uno Guanajuato me sorprendió.

El encanto de Guanajuato; sus casitas, calles, colorido, cultura y los mil lugares que te permiten apreciar sus increíbles vistas desde lo alto. mi lugar favorito y recomendación, La Casa del Rector, un hotel que cuenta con un bar-restaurante con unas vistas espectaculares de la ciudad, pasamos muy buenos ratos en compañía de gins y amigos. Recomiendo el gin de matcha, algo distinto y muy rico.





Mirador del Pípila


La Casa del Rector

Hace mucho no viajaba por México, y me di cuenta que es algo que deberíamos hacer mucho más, cada rincón y ciudad de nuestro país aporta algo único y enriquece nuestro yo, las raíces, amor y orgullo que sentimos por México.

Llegue a San Miguel de Allende pensando que era un lugar sobre-valorado, pero San Miguel me demostró lo equivocada que estaba, llagamos en la tarde-noche, mi primera sorpresa, el hotel, este superó mis expectativas, La Morada se encuentra a solo unos pasos de la Parroquia y nos sorprendía con un excelente servicio y un cuarto mucho más grande que en cualquier habitación doble que haya estado. La noche empezó decepcionando y acabo con encanto. Fuimos al Rosewood con el plan de tomar algo en su famosísimo roof-top y al llegar se acabó el encanto, el mal servicio y desorganización del personal hizo que nos fuéramos algo antes de lo normal, fuimos a cenar a The Restaurant para luego recorrer las calles, pensábamos dormir temprano ya que al día siguiente teníamos reservado un vuelo en globo y teníamos que estar despiertos mucho antes que el sol, pero en ese caminar nos encontramos con el sonido de una guitarra y un cajón flamenco que llamo nuestra atención, nos metimos a bailar y a disfrutar. El encanto de San Miguel en cada calle, lugar y rincón.





Amanecimos antes que el sol, pero el clima nos jugó una mala pasada y nuestro vuelo en globo, se canceló, regresamos al hotel para empezar de nuevo el día, desayunamos en Panio, un restaurante-panadería con un pan delicioso y unos desayunos muy buenos, con el estómago lleno nos dirigimos a Fábrica la Aurora, un lugar que albergaba una fábrica textil y que hoy alberga innumerables galerías y obras de diferentes artistas, definitivamente deberías visitar esta fábrica en tu visita a San Miguel de Allende.


Panio

Para conocer un lugar hay que caminar, y eso fue lo que hicimos, nos recorrimos todas sus callecitas y tiendas, supongo que es el colorido, empedrado, artesanías o artistas lo que hacen a este lugar tan especial.


Esperamos más de treinta minutos para comer en Quince, catalogado uno de los mejores roof-tops y restaurantes de San Miguel, ni el servicio, ni los cócteles ni la comida son del otro mundo, aun no sé si lo recomendaría.

A espera de que la tarde cayera nos pusimos a caminar, descubriendo tiendas y rincones , entrando a galerías y disfrutando de la compañía. Cenamos en Moxi para despedir a San Mike, buenos cócteles, muy buena comida y buen ambiente del lugar.




metro-chic brasserie: Bovine

En nuestra última noche pensábamos regresar al lugar flamenco o buscar un antro, pero ante nuestro cansancio, la carretera inminente del día siguiente y nuestro escaso afán por entrar al Grito o algún otro lugar similar, nos encontramos en la búsqueda del bar de Hendricks; uno de los bares mas pequeños que he visto y a la vez uno de los bares con más esencia, presencia y personalidad. Un bar dedicado a la ginebra; infinidad de cócteles y combinaciones de gin impensables. Ginebra y manzanilla, servida como si de un se té se tratara, cardamomo, lavanda o jengibre, cada una inspirada en historia, de un país o personaje famoso y te tomabas lo que contaban. infusiones y otras muchas combinaciones que hacen que este lugar sea tan particular.

  • Mi recomendación es llegar temprano ya que es un lugar muy pequeño y muy codiciado. Al final de la noche en la barra empiezan a volverse un poco locos y no saben que combinan ni que cobran.


Ultimo día en San Miguel y ultimo día del viaje. Empezó como empiezan siempre, un buen desayuno y un descubrir caminos. Visitamos a Mr. Poster, una tienda-galería de posters vintage, posters de toda la vida, litografías de conciertos, eventos deportivos o culturales, un lugar con mucha vida.


Terminamos nuestra estancia en San Miguel con ganas de tacos, nos decidimos por visitar La Única y debo aceptar que los tacos no estaban buenos, pero regresaría una y mil veces por el postre de mil chocolates que probé y del que me enamoré.





Una playlist variada, y mucha botana para nuestro regreso a casa.


5 días de este viaje fueron suficientes para recordarme la magia de México y sus mexicanos.


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